Cristina kirchner, Palestina y los 29 muertos en la Embajada Israelí -Parte-3

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Cristina kirchner, Palestina y los 29 muertos en la Embajada Israelí -Parte-3

Martes, 16 Junio 2015 21:08     |    

REPORTAJE a Patricia Bullrich: “Lo que dice la Presidenta tiene un carácter antisemita”

Califican a Cristina de antisemita.

[Las diputadas nacionales por Unión Pro Laura Alonso y Patricia Bullrich rechazaron “por su carácter antisemita y por su falsedad e ignorancia” los dichos de la presidenta Cristina Kirchner ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando cuestionó a la comunidad judía por haberse opuesto al acuerdo que la Argentina firmó con Irán por el atentado a la AMIA-DAIA.

“Rechazamos en los más fuertes términos los conceptos expresados por la Presidenta de la Nación ante la Asamblea General de las Naciones Unidas por su carácter antisemita y por su falsedad e ignorancia al denunciar a las instituciones de la comunidad judía en la Argentina y del exterior como demonios internos y externos, dando a entender que no están interesadas en la búsqueda de justicia y verdad respecto al atentado a la sede de la AMIA-DAIA”, expresaron las legisladoras.

En un comunicado, Bullrich y Alonso afirmaron que la mandataria “ha ignorado también que todos los partidos políticos de la oposición se opusieron categóricamente a la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán pidiendo reiteradamente su derogación].

No era mi intención continuar este tema, porque me pareció suficiente con las aclaraciones hechas en mis dos anteriores escritos.

Pero algunos amigos me alertaron de estas declaraciones absurdas y carentes de seriedad de las dos diputadas que se mencionan en el texto incluído más arriba y que no hacen sino repetir las acusaciones, tan torpes como las de ellas, de los directivos de la DAIA.

No voy a incursionar en las acusaciones más graves, y las dejo a abogados afines que, seguramente los hay, algunos muy locuaces, para refutar las de “falsedad e ignorancia” que le atribuyen a la presidente.Voy a detenerme en una palabra que es utilizada con total ignorancia de su significado por los dirigentes de la DAIA y, en general, por la mayoría de los periodistas, y que las dos diputadas, también utilizan para calificar agresivamente a la doctora Cristina Kirchner: me refiero a la palabra ‘anti-semita’.

Y tan sólo para refutar la falsedad de su argumento.Y para comprender mi refutación, sólo me referiré a la palabra ‘semita’, cuestionando el ‘anti’ que le anteponen y que tergiversa perversamente su significación. Para ello debemos saber qué quiere decir, cuál es el significado de la palabra ‘semita’.Y me guiará en este peregrinar en busca del significado de la palabra ‘semita’, el bellísimo texto con el que Ivonne Bordelois (1) me ayuda a encontar el camino correcto:

“Entre esas vías –que considero ecológicas porque preservan, protegen y estimulan el ser del lenguaje— se cuenta el refrescante descenso al aljibe etimológico, la pregunta por el origen de las palabras que las rescata en su savia histórica y semántica.”

Por ello, por ese rescatar las palabras de los demagogos y de los que por tener acceso a medios de comunicación masivos los utilizan para repetir slogans propagandísticos, y pretenden pasar por eruditos, utilizando palabras de las que ni siquiera saben qué significan. Y repiten como los muñecos de los ventrílocuos palabras como ‘semita’, de la que nunca se les ocurrió consultar o averiguar quién la inventó, por qué la inventó, para qué la inventó y en qué contexto histórico la utilizó.Las dos diputadas que pretenden, agrediéndola con el calificativo de anti-semita, desautorizar a la presidente, usan esta palabra, seguramente con idea de congraciarse con la DAIA, cuyos dirigentes son tan ignorantes como ellas, porque la utilizan asiduamente en sus informes diarios que difunden como si fueran enciclopedias de informaciones, sobre todo, cuando narran todos los hechos de supuestos “anti-semitismos” que ocurren en nuestro país.

Para quienes nos hemos pasado nuestras vidas estudiando y cuidando siempre en utilizar las palabras apropiadas, las palabras correctas, cada vez que escribimos algo, siempre con el temor y temblor de equivocarnos, y pedir disculpas en otros escritos si hemos caído en el error, cuando leemos la liviandad con que petulantes y pretensiosos utilizan el lenguaje pervirtiendo la significación de las palabras, y pretenden agredir, como ocurre en este caso, nos sublevamos y tratamos, por nuestra condición universitaria, de aclarar la significación de las palabras con la intención de evitar futuras agresiones necias.

Igualmente supongo que a la presidente no le es necesaria esta aclaración, sin embargo, recordando que Antoine de Saint-Exupéry nos enseñó, en el legado que nos dejó en su libro Ciudadela, que “el jefe no es el que salva sino el que necesita ser salvado”, voy a intentar demostrar que la agresión de esas dos diputadas a la presidente de nuestro país es producto de su ignorancia y de su sumisión genuflexa.

Comenzaremos diciendo que la palabra ‘semita’ fue inventada por el filólogo alemán, August Ludwig Schlözer, quien, en 1781, en un artículo publicado en la revista de filología que dirigía J. G. Eichhorn, Repertorium Für Biblische und Morgenländische Litteratur (Leipzig, 1777-80), 8: pp. 161-63, con el que, según los especialistas en filología, dio definitivamente nacimiento a la semitología (2). De acuerdo con Schlözer

“… desde el mar Mediterráneo hasta el Eufrates y desde la Mesopotamia hasta la península arábiga, como es conocido, reina una sola lengua. Los sirios, los babilonios, los hebreos y los árabes, fueron un solo pueblo. Incluso los fenicios que eran hamitas, hablaban este lenguaje que yo llamaré semítico.” (3)

Pero veamos cual fue la reacción de un estudioso de fama mundial en su época, como Ernest Renan, y su crítica a la invención de esta palabra, en su célebre Histoire générale et Systeme (4) comparé des langues sémitiques. Y, para nosotros es importante, toda la crítica que realiza Renán, porque podemos compararla, --no lo haré en este escrito porque sería alejarnos del objetivo que nos hemos propuesto--, con lo ocurrido durante la conquista por los españoles de Perú, y las confusiones que produjeron sus historiadores al traducir los nombres originarios de la región, de sus habitantes y de su lenguaje, y la similitud que encontramos con las que señala Renán, al analizar la palabra ‘semita’. (5)

Dice Renán, casi continuando el texto que había escrito Ludwig Schlözer, poco menos de cien años antes, pero atribuyéndole al director de la revista de filología, esto es, a J. G. Eichhorn, la autoría del ensayo:

“Los antiguos, que estaban admirados por esa unidad, las llamaron lenguas orientales, designación que era muy general, luego que los pueblos de Asia fueran objeto de exploraciones más exactas; los sabios modernos, siguiendo a Eichhorn, han acordado darle el nombre de lenguas semíticas. Pero esta denominación es totalmente defectuosa, porque un gran número de pueblos que hablan las lenguas semíticas, los fenicios por ejemplo, y muchas tribus árabes, eran, de acuerdo con la tabla del capítulo X del Génesis, descendientes de Cam, y que al contrario pueblos que el mismo documento señala como descendientes de Sem, los elamitas, por ejemplo, no hablaban una lengua semita. Demostraré más adelante que el sentido de ese precioso documento es geográfico, y no etnográfico, de tal forma que el nombre de Sem designa la zona media de la tierra, sin distinción de raza.Si se conviniera dar a las familias de las lenguas nombres formados por sus términos extremos, como se hace con las lenguas indo-europeas, el verdadero nombre de las lenguas que nos ocupan sería syro-árabes.Del resto, la denominación de semíticas no tendría ningún inconveniente, desde el momento en que la tomamos como una simple apelación convencional y que explicamos lo que ella encierra de profundamente inexacto.” (6)

Luego de un extenso análisis, en el que intenta demostrar las inexactitudes en las que Renán considera que ha incurrido Eichhorn --a quien, reitero, erróneamente atribuye la autoría del ensayo--, termina señalando:

“Ahora se comprende cuan desafortunada fue la idea de Eichhorn, cuando les dio el nombre de semita a la familia de lenguas syro-árabes. Este nombre, cuyo uso nos obliga a conservarlo, ha sido y será durante mucho tiempo la causa de un gran número de confusiones. Reitero una vez más que el nombre Semita no tiene en este escrito más que una significación puramente convencional: ese nombre designa a los pueblos que han hablado hebreo, siríaco, árabe o dialectos similares, y de ninguna manera los pueblos que se dan en el capítulo X del Génesis como descendientes de Sem, los cuales son, en gran parte de origen ario.” (7)

Renán comete un deslizamiento erróneo cuando pasa de lo lingüístico a lo étnico al señalar que la palabra Semita “designa a los pueblos que han hablado...”. No, la palabra ‘semita’ no designa a los pueblos sino "a las lenguas", derivadas del proto-lenguaje semita, que hablaban esos pueblos.Uno de los más importantes y lúcidos libros para conocer las disputas de los distintos estudiosos e investigadores europeos por convertir a sus propias lenguas, esto es, la de cada una de sus países, en el proto-lenguaje o lengua madre, del o de la cual surgieron todos los idiomas posteriores, es el de Maurice Olender Les langues du Paradis. Aryens et Sémites: un couple providentiel.

En él se detallan, desde el momento en que pensadores europeos volvieron a ocuparse e interrogarse sobre el origen del lenguaje, las argumentaciones con las cuales pretendieron fundamentar cada una de sus hipótesis, en diferentes países.

Olender, en el párrafo inicial nos dice todo lo que necesitamos saber para comprender, claro que desde una perspectiva del siglo XXI, y sabiendo que el universo tiene miles de millones de galaxias y que nosotros, sólo vivimos en un pequeño planeta llamado Tierra, que forma parte de nuestra galaxia, las actitudes y relatos ingenuos e infantiles de cada uno de esos investigadores y estudiosos de las lenguas:

“En el jardín del Paraíso, Adán, Eva, Dios y la serpiente ¿hablaban hebreo, flamenco, francés o sueco?" El Edén irrigado por un río que desemboca en cuatro brazos, ¿se encuentra al oeste o al este, en la parte del Eufrates o a orillas del Ganges? En la carrera a la que se lanzaron teólogos, filósofos y filólogos para saber qué lengua se hablaba en el Paraíso y cuáles podían ser los contornos de su geografía maravillosa hubo innumerables ramificaciones cuyas idas y venidas no se han terminado de explorar".

Si san Agustín (354-430) pregona la versión oficial del hebreo como “lengua humana” de los orígenes, la Antigüedad ya conoció sus disidentes de la causa hebraica. Así, Teodoreto de Ciro (393-466?) consideraba que el sirio le ganaba al hebreo, y Gregorio de Nisa (330?-394) aseguraba que esta lengua no era la más antigua. (…) A partir del Renacimiento, las lenguas del Paraíso prosperan en todos los rincones de Europa.” (8)

Vale la pena transcribir tan sólo un párrafo más, que hoy podría ser firmado por cualquiera de nosotros, y que en aquella época le trajo problemas al autor, Andreas Kempe (1622-1689),

“… quien en 1688, compuso una parodia y publicó en Hamburgo un opúsculo titulado Las lenguas del Paraíso. (…)… el autor se divirtió señalando, en una serie de discusiones entre muchos personajes, los aspectos burlescos de esa carrera hacia un Edén poblado de lenguas. Después de haber evocado los discursos eruditos de sus célebres compatriotas Georg Stiernhielm (1598-1672) y Olaus Rudbeck (1630-1702), Kempe explicó cómo “la voluptuosa Eva” sucumbió a una serpiente en cuya seducción satánica emplea las palabras de la lengua francesa. Ese relato del primer pecado prosigue en un jardín donde, junto a la serpiente francófona, Adán habla danés y Dios, sueco.” (9)

En nuestro siglo, con los conocimientos que se han ido acumulando y la información que se tiene y se obtiene día a día sobre el pasado de la humanidad, los descubrimientos arqueológicos, las investigaciones filológicas, las análisis semánticos, los estudios gramaticales, han dejado atrás muchas de esas controversias, reitero, ingenuas e infantiles, que se dieron en Europa, y que, con la colonización cultural terminaron contaminando a todos los pueblos de la Tierra.

Sin embargo, nos parece fundamental terminar con este equívoco por las torpes controversias que genera y las insensatas disputas que se producen por ello y el uso perverso de tantos demagogos necios. En tal sentido conviene conocer cómo surgió el error en el caso de la palabra ‘ario’ y lo que escribió el propio inventor de la misma, Max Müller, en 1888, tal como lo explica correctamente Simeon Potter:

“Fue totalmente desafortunado que Friedrich Max Müller, un joven estudiante alemán llegado a Inglaterra en 1848 y que se radicó en Oxford por el resto de su existencia, aplicara el epíteto de ario tanto a la gente como al idioma, y llegara a la conclusión de que la Ariana de los antiguos en el Asia Central, fue la cuna de la humanidad. El atributo ario había sido utilizado, previamente, en forma correcta por sir William Jones para designar a los hablantes de un grupo de lenguas indias, pero Max Müller aludió, no sólo a un idioma ario y a sus descendientes, sino también a una correspondiente raza aria.

Su concepción de una raza aria idealizada, de cráneo largo, alta y rubia fue adoptada por muchos autores británicos, que debieron de estar mejor informados, como Thomas Carlyle, James Anthony Froude, Charles Kingsley y John Richard Green, por el conde francés Joseph de Gabineau, y, mucho más adelante, por los propagandistas de la Alemania nazi.

Max Müller se convenció, posteriormente, de la tontería de su hipótesis y se retractó en términos nada dudosos, y escribió, en 1888, en su Biographies of Words and the Home of the Aryas:

“… que al decir ario no me refiero ni a la sangre ni a los huesos, ni al cabello ni al cráneo; quiero decir, simplemente, aquellos que hablan la lengua aria… Cuando hablo de aria no hago mención a características anatómicas. Los escandinavos de ojos azules y pelo rubio pudieron haber sido conquistadores o conquistados. Pudieron haber adoptado el idioma de sus dominadores menos morenos o viceversa.. Para mí el etnólogo que habla de raza aria, de sangre aria, de ojos y cabellos arios, es un gran pecador, tal como el lingüista que habla de diccionario dolicocéfalo o una gramática braquicéfala.” (10)

Por supuesto, todo lo aclarado por Max Müller para la palabra ‘ario’ es absolutamente válido para la palabra ‘semita’, ya que ambas surgieron en una misma época de investigaciones en busca de la lengua originaria, la lengua madre, y sus inventores, esto es, Ludwig Schlözer y el mismo Max Müller, las inventaron para referirse, solamente, a ese proto-lenguaje, y de ninguna manera a una raza o a una etnia o a una nacionalidad y mucho menos a una religión.

Las tergiversaciones que siguieron son responsabilidad exclusiva de quienes las violentaron para usarlas con otras intenciones, y todos ellos fueron oportunamente denunciados con durísimos conceptos por Simeon Potter, quien así los describía, con palabras que mantienen actualmente toda su vigencia:

“Una ojeada superficial que echemos a un periódico publicado en la actualidad en cualquier lugar, será suficiente para convencernos de que los periodistas se unen con los políticos en considerar la raza, la cultura y el idioma como facetas diversas de una sola unidad social, que luego proceden a identificar con la nacionalidad.A pesar de las vociferantes quejas de los etnógrafos y biólogos, la gente continúa confundiendo el idioma con la nacionalidad y asociando raza y cultura con ambos.Los demagogos inescrupulosos explotan esta confusión de los pueblos para satisfacer aún más sus fines egoístas. El bienestar del hombre en el futuro, descansará más que nunca sobre su rapidez y valor para detectar y delatar estas falacias palpables y, tal como Sócrates en la antigüedad, advertir a sus conciudadanos contra las influencias corruptoras de los slogans y la propaganda.”

Hechas estas aclaraciones, volvamos ahora a la acusación de antisemita que le adjudican las dos diputadas a la doctora Cristina Kirchner.

Mucho más de lo antedicho no queda para agregar, y creo haber cumplido el compromiso de demostrar la ignorancia y la torpeza de aquellos que usan la palabra ‘anti-semita’ para con ella suponer que están acusando a alguien de alguna idea cargada con una connotación malvada.Podríamos, siguiendo el pensamiento de Potter categorizar a quienes usan la palabra ‘anti-semita’ de “demagógos inescrupulosos”, pero sería una carga demasiado pesada, y me parece mejor considerarlos ignorantes petulantes, por repetirla sin saber su significado.

Porque como bien sostenía Mahatma Gandhi:

“Una mentira no se convierte en verdad porque la repite todo el mundo.”

Por lo que la presidente no debe sentirse agraviada por la ignorancia de las dos diputadas, así como por los directivos de la DAIA, que suponen lo mismo que aquellas.Tan sólo, quizá benevolentemente disculparles la necedad de estar utilizando palabras de las que no saben su significado y las usan por ignorancia y torpeza, repitiendo como los muñecos de los ventrílocuos lo que han escuchado de otros tan ignorantes como ellas.

Pero, seguramente, para justificarse y sustentar su torpe acusación dirán, los dirigentes de la DAIA y las dos diputadas, que es una palabra que ha alcanzado un uso corriente y por ello tiene el valor que supuestamente le quieren dar, aunque, sin duda, tampoco saben, si les preguntamos, qué es lo que quieren decir. Y sería importante que los dirigentes de la DAIA y las dos diputadas nos digan qué quieren decir con la palabra ‘anti-semita’, si no es lo que nosotros hemos demostrado qué quiere decir la palabra ‘semita’.

Porque en el siglo XXI nadie puede ser tan torpe o tan tonto como para estar en contra de un proto-lenguaje o lengua madre, ya que ese es el único significado y la única referencia de la palabra ‘semita’.

Saad Chedid

23 de abril de 2015

 

Referencias:

1- Ivonne Bordelois. La palabra amenazada. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2003.

2- Cercle Linguistique d’Aix-en-Provence. La semitologie, aujourd’hui. Université de Provence. 2000. Gil Anidjar. Semites. Race, Religion, Literature. Stanford University Press. California. 2008.

3- Bernard Lewis. Semites &Anti-semites. W.W. Norton & Company. New York. London. 1987. p. 44.

4- Ernest Renan. Histoire générale et Systeme comparé des langues sémitiques. Calman Levy, Editeur. París. 3ra.ed. s/f. La primera edición data de 1855 y la 2da. de 1858.

5- Javier Pulgar Vidal. Geografía del Perú. Editorial Inca. Lima. Perú. 1987. Primera Parte, cap. 3. Rodolfo Cerrón-Palomino. Lingüística Quechua. Centro de estudios rurales andinos “Bartolomé de las Casas”. Cuzco. 1987.

6- Ernet Renan. Histoire générale et Systeme comparé des langues sémitiques. Calman Levy, Editeur. París. 3ra.ed. s/f. pp. 1-2.

7- Idem. p. 43.

8- Maurice Olender. Las lenguas del Paraíso. Seix Barral. Barcelona. 2001. pp. 13-14. Ver también Daniel Droixhe. La linguistique et l’appel de l’histoire (1600-1800).Rationalisme et révolutions positivistes. Librairie Droz. Genève-Paris. 1978. Martin Bernal. Black Athena. The Afroasiatic Roots of Classical Civilization. Vol. III. The Linguistic Evidence. Rutgers University Press. New Yersy. 2006.

9- Maurice Olender. Opus cit. pp. 14-15.

10- Simeon Potter. El lenguaje en el mundo moderno. Compañía General Fabril Editora. Buenos Aires, 1964. pp. 27-28.

11- Idem. p. 31.

12- Debo señalar que he observado con satisfacción la aparición de textos como los de Jorge Elbaum y Elena Malamud, quienes comienzan a pronunciarse como argentinos judíos y no como judíos argentinos, quienes, ademas, cuestionan correctamente la representatividad que se atribuye la DAIA. Espero que con respecto a otras entidades que también se atribuyen representatividades que no tienen, aparezcan quienes las cuestionen, y nos permitan a los argentinos asumirnos como tales. Y no como pertenecientes a colectividades separadas que formamos parte de la sociedad nacional. Por eso en mi texto anterior no incluí completa la frase de la doctora Cristina Kirchner cuando dice que “somos un país de paz…” y ella agregaba “de inmigrantes”. Porque hubiera significado de mi parte adherir a la teoría que sostiene que somo los descendientes de los que bajaron de los barcos. Ya han pasado casi 200 años desde que se declaró la independencia de la República Argentina, y es hora que los argentinos, que ya estamos pasando a integrar Sudamérica, dejemos de seguir diciendo que pertenecemos a “colectividades que forman parte de la Argentina”. Con el agregado que los dirigentes de la DAIA, señalan siempre que “sus hermanos de sangre son los que están en el Estado terrorista de Israel”, haciendo referencia a una caduca teoría racista que, también desconocen.

13- He tomado textos de mi ensayo “’Semita’: una palabra vaciada de su significación y de su verdad” publicado en el libro de Etienne Balibar y otros, Antisemitismo. El intolerable chantaje, Editorial Canaán, Buenos Aires, 2009, pp. 95-172.

 

 

 

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